Cada tanto sale una nota diciendo que la inteligencia artificial va a reemplazar a los jueces. No va a pasar, al menos no de la forma en que se cuenta. Pero atrás de ese ruido hay algo real: el Estado argentino viene usando IA en la Justicia desde hace casi una década, y en 2026 dio el primer paso institucional para ordenarlo.
Esto importa para un estudio por una razón concreta. Si la Justicia acelera y el estudio no, la diferencia de velocidad la paga el abogado con horas. Vale la pena saber qué está pasando realmente.
PROMETEA: el caso que arrancó todo
En 2017, el Ministerio Público Fiscal de la Ciudad de Buenos Aires desarrolló PROMETEA junto con el Laboratorio de Innovación e Inteligencia Artificial de la Universidad de Buenos Aires. El objetivo era acotado y por eso funcionó: preparar dictámenes judiciales en casos repetitivos.
Según los datos relevados por CIPPEC, PROMETEA alcanzó un 90% de precisión y llevó la cantidad de casos procesados por mes de 130 a 490. Es casi cuatro veces más trabajo con el mismo equipo.
Hay un detalle en ese caso que se pasa por alto y que es el más instructivo de todos: PROMETEA no decidía nada. Preparaba el borrador; la firma seguía siendo de una persona. Ese reparto —la máquina prepara, la persona decide— es exactamente el que le sirve a un estudio, y es la razón por la que el proyecto no generó la resistencia que hubiera generado un sistema que resuelve.
2026: la Mesa Estratégica
En 2026, el Ministerio de Justicia creó por la Resolución 469/2026, firmada por el ministro Juan Bautista Mahiques, la Mesa Estratégica de Inteligencia Artificial en la Justicia (MEIAJ). Es un espacio de trabajo entre el Ministerio y organismos vinculados a la administración de justicia, la innovación tecnológica y la formación académica.
Sus tareas principales, según la resolución:
- Identificar los proyectos y herramientas de IA que ya se usan en el sistema judicial.
- Detectar necesidades institucionales y fijar áreas prioritarias.
- Proponer objetivos, principios, ejes de trabajo y etapas de una futura estrategia nacional.
Tiene un plazo de 90 días corridos desde su primera reunión para presentar una propuesta preliminar al ministro. La participación de sus miembros es ad honorem y su creación no implica nuevas estructuras ni gasto adicional.
Lo que la MEIAJ no es
Acá conviene ser preciso, porque se está contando mal en varios lados. La propia resolución aclara que la estrategia no apunta a establecer un marco regulatorio general de la inteligencia artificial: funciona como herramienta de planificación, coordinación y promoción institucional.
Traducido: no hay todavía una norma que te diga qué podés y qué no podés hacer con IA en tu ejercicio profesional. Lo que hay es un organismo que va a proponer por dónde debería ir el Estado. Es una señal de dirección, no una obligación.
Lo que ya está funcionando, sin anuncios
Mientras se discute la estrategia, la digitalización real avanzó por otro lado y con menos prensa:
- Las Acordadas 4/2020 y 31/2020 de la Corte Suprema hicieron que las presentaciones en el fuero nacional y federal sean exclusivamente electrónicas.
- Las provincias armaron sus propios sistemas de expediente electrónico —SISFE en Santa Fe, SAC en Córdoba, MEV y PyNE en Buenos Aires, Iurix y Lex100 en varias otras—, cada una con su calendario. Lo detallamos en la guía de portales por jurisdicción.
- Los tribunales publican sentencias online, y ese corpus es la materia prima de cualquier buscador de jurisprudencia que funcione de verdad.
Ese último punto es el que más cambió el trabajo cotidiano y el que menos se nombra. La jurisprudencia argentina está publicada. Lo que faltaba no era el dato: era una forma de encontrar el fallo que sirve sin conocer de antemano su carátula.
Qué significa todo esto para un estudio
Cuatro consecuencias prácticas, ordenadas de más a menos inmediata.
1. El papel ya no es una opción, y el portal tampoco alcanza. Si toda la información de tus causas está publicada y actualizada, seguir copiándola a mano a una planilla es trabajo que la computadora podría hacer. Ese es hoy el ahorro más grande y menos discutible.
2. La IA que sirve es la que tiene contexto. Un modelo general puede escribir un escrito genérico. Uno que tiene adentro los datos de tu expediente escribe un borrador con las fechas, las partes y los hechos reales. La diferencia entre las dos cosas es la diferencia entre un ejercicio y una herramienta.
3. La verificación es tuya, siempre. Los modelos de lenguaje inventan citas. No es un defecto que se arregle con un modelo mejor: es cómo funcionan. Por eso la única forma responsable de usar IA para jurisprudencia es que el sistema te dé el enlace a la fuente oficial de cada fallo que cita, para que lo abras y lo verifiques. Si una herramienta te da una cita sin enlace, tratala como un rumor.
4. El secreto profesional no espera a la regulación. Que no haya una norma específica no significa que no haya obligación. El deber de confidencialidad ya existe y ya te alcanza. Pegar el caso de un cliente en un chat público es un problema hoy, con marco regulatorio o sin él. Escribimos sobre qué implica esto en la práctica y sobre cómo anonimizamos los datos antes de mandarlos al modelo.
Lo que no va a pasar
Para cerrar el ruido de las notas alarmistas, tres cosas que se anuncian seguido y que no están cerca:
La IA no va a dictar sentencias. Ni la MEIAJ ni ninguna iniciativa oficial argentina lo propone. Lo que se está discutiendo es asistencia en tareas repetitivas: clasificar, resumir, preparar borradores de dictámenes en casos análogos.
La IA no va a reemplazar abogados. Va a reemplazar tareas. La diferencia importa: el que hace sobre todo tareas automatizables —buscar en portales, resumir, armar cronologías, redactar borradores estándar— va a sentir el cambio mucho antes que el que litiga y negocia.
No va a haber un portal judicial único. Cada poder judicial provincial es autónomo y dictó sus propias normas. No existe la autoridad que pudiera imponerle un sistema a las veinticuatro jurisdicciones, y no está previsto que exista.
Qué hacer ahora
Sin esperar a la estrategia nacional, tres movimientos que se pueden hacer este mes:
- Automatizá el seguimiento de causas. Es lo de mayor retorno y lo de menor riesgo: la información ya es pública y el sistema solo la lee.
- Probá la IA en algo verificable. Un buscador de jurisprudencia con enlaces a la fuente oficial es el mejor punto de entrada, porque podés comprobar cada resultado vos mismo. Se puede probar sin cuenta.
- Ordená la regla de confidencialidad antes de escalar. Definí qué se puede mandar a un modelo y qué no, y dejalo escrito. Es más barato hacerlo ahora que después de un problema.
Y una cuarta, que vale más que las tres: no adoptes nada por la tecnología. Adoptalo porque resuelve una tarea concreta que hoy hacés a mano y que te cansa. Si no podés nombrar esa tarea, todavía no es el momento.